martes, 6 de junio de 2017

El gol triste

No eramos los mejores amigos, ni compartíamos los mismos gustos, o los mismos lugares, o las mismas personas. No jugábamos fantástico pero tampoco era un bodrio vernos mover la pelota. Mostrábamos carácter, ese que no se regala ni negocia. Un punto aparte de lo que fuimos el primer año: unos verdes que se los llevaban por delante. 

Los enojos no pasaban del momento y los que estaban picaos' jugaban el doble, metían más fuerte, corrían un metro más que el resto y ponían la pierna firme. La rabia se traducía en fútbol, no en patadas inútiles, puteadas gratis y desconexión de la cancha. No habían mensajes de Whatsapp la noche anterior agudizando falencias, llegábamos calladitos y nos dedicábamos a lo que nos reunía, porque de hablar mucho durante la semana no eramos. 

Hoy tengo un grupo de amigos, disfruto las conversaciones distendidas y las charlas cuando llegamos a jugar. Evidentemente, además, les tengo mucho más cariño. Pero dentro de la cancha el camino sigue rocoso. Tránsito normal de un equipo nuevo, caras nuevas, personalidades nuevas y niveles encontrados. Desde mi posición solo queda seguir jugando como lo he hecho siempre, sea bien o mal; nunca le he recelado al esfuerzo ni a definir con el arquero encima y una patada de cortesía. Todo sea por el bien del equipo.

No es coincidencia que los caminos se crucen de vez en cuando, así fue la semana antepasada. No se me hace difícil tampoco en un contexto así, jugar en contra. Incluso hice un gol. Lo grité con rabia por un partido apagado, e instintivamente le metí una volea a la reja. Me saqué la mierda de encima. 

Pero me di vuelta y los vi con la cabeza abajo, fue raro; nunca me había pasado y yo también agaché la cabeza. Sacudí los brazos y apreté los puños, en silencio. No sé por qué habrá sido pero chocaron las emociones, en volá los años no pasan en vano y sin quererlo, de una u otra forma, uno construye un vínculo. En volá le doy mucha importancia a algo como el fútbol, y más en una situación como esta. En volá son solo ocurrencias mías. En fin, lo que haya sido, nunca me había pasado y me lo sigo cuestionando. Una nueva experiencia.




miércoles, 15 de marzo de 2017

El cuento que nunca entrará en Santiago en 100 palabras

La fama es efímera y esquiva, ingrata e intrascendente. Pero él anhelaba tanto dejar un cuento en ese libro de bolsillo y en las pantallas de los andenes del metro. Con frases rebuscadas y tramas incongruentes, carentes de lógica y sentido. Y que de igual forma, ante la mirada de lo ajeno, asintieran pensando: "Qué profundo". Sí, se desvela hace un año pensando las palabras y la trama. Todo de manera infructuosa. Es un sueño tan humilde que ni da para escribirlo.

martes, 31 de enero de 2017

El Maracanazo

- ¿Qué esperai' del preu?

- Lo que tenga que ser nomás, ya no importa nada.

- ¿Y cómo estai' después de todo esto?

- Mejor ya, tampoco puedo llorar por siempre.

Dos de abril de 2014. Con el Lucas nos juntamos para ver la odisea de la Unión Española en Brasil enfrentando al todo poderoso Botafogo: hacía 41 años que no perdían de local pero la fe es lo último que pierde el Luquitas.

Nos propusimos caminar hasta un pub cerca de mi casa. Preguntamos desde afuera si transmitirían la pichanga; nos dijeron que sí y cortaron todos los videos cebolleros dispuestos para el karaoke. Paralizamos un miércoles en la noche con un partido intrascendente en el diario vivir, pero no así para los que gozábamos con las historias de David y Goliat.

La Unión siempre me ha parecido un equipo atractivo, más ahora que me amisté con el Lucas. Recién salimos de cuarto medio y no nos decidimos sobre qué carrera ocuparía los próximos años de nuestra vida, así que nos presentamos a la PSU bien displicentes, sacamos como 600 puntos y preferimos ir al preuniversitario. Un año sabático no le hace mal a nadie.

Precisamente en cuarto medio nos tocó exponer sobre un tema libre para el ramo de inglés. Hacía poco había sido el cumpleaños de don Alcides Ghiggia y nos pareció idóneo para excusarnos sobre nuestra presentación. En un inglés tembloroso describimos paso a paso el Maracanazo, con suicidios, monedas y toda la cosa. Mi primer y último siete en cuarto medio. 

Ese día de abril nos unía nuevamente con el fútbol y el contexto brasileño. Quien sabe, por ahí la Unión metía el batacazo y se ganaba unas cuantas portadas del día siguiente. Total si perdían, no pasaba nada: era lo previsible, lo que siempre pasa con los chilenos en tierras brasileñas.

- Pero igual si conoces una mina, ¿la hacís o no? -empezó el Lucas.

- Jaja, hueón, acabo de terminar. Tampoco tengo por qué apurar procesos, es momento de tocar la pelotita y jugar al pie -respondí dubitativo.

- Quien sabe, en una de esas te salta el central con la plancha y te mueve el piso.

- Estoy listo pa' meterle la cachaña, quiero evitarlo como sea.

Llegaron los schop y la chorrillana, los equipos saltaron a la cancha y empezamos a degustar las delicias culinarias que ofrecía el local. Un primer tiempo para comerse las uñas pero con la solidez defensiva propia de un equipo que no quiere entregar tres puntos, Unión mantuvo el cero en el arco. El Lucas apenas tocaba la chela mientras de a poco, se sumaron unos cuantos transeúntes a ver el partido. Entretiempo y el cigarrito.
- A veces pienso que nacimos para estar solos -reflexionó el Lucas.

- Es complicado, es lo que menos queremos pero lo que más pasa. O sea, igual somos chicos, pero siento que hemos vivido caleta de hueás -le complementé.

- El problema son las minas hueón, da lo mismo cuanto trabajes para llegar bien al área. Son capaces de trabar con la cabeza para evitar el gol.

- Ya pero tampoco exageremos, cada quien tiene su ritmo de vida; no podemos obligar a nadie a vivir como nosotros. Miranos, hablando de la pelota en todo tema de nuestra vida. ¿No seremos nosotros los hueones?

- Sinceramente pienso lo mismo, pero es más fácil echarle la culpa a otros. La pelota no se mancha.

El segundo tiempo partió impreciso y con un Lucas inquieto en la silla, íbamos por el tercer schop cuando al Seba Jaime -el superhéroe de mi amigo- se le ocurre desbordar por la derecha y meterse al área. 

- ¡PENAL! ¡PENAL HUEÓN!

- Lo cobró, pero tampoco era penal -le dije, solo para llevarle la contra.

- Hueón sí, mira como lo toca abajo. Dejémoslo en cobrable.

- Bueno, da lo mismo igual, ahora hay que meterlo.

Gustavo Canales, el mercenario, rodilla de bronce, se paró al frente de la responsabilidad. Brazos en jarra y con la tranquilidad acostumbrada la clavó para el 0-1. ¡GOL!, ¡GOOOOL!. Unión Española, un equipo tan minúsculo daba la sorpresa y se metía en octavos matando al mismísimo Botafogo. Quien lo diría.

Quedaban veinte y de a poco la gente que pasaba por afuera del sector dónde estábamos, se plantaba a ver los cinco minutitos permitidos antes de que te obliguen a comprar algo. No faltó el que se sentó a disfrutar del espectáculo, del único hincha rojo presente. Toque, toque, toma chocolate y paga lo que debes; Unión dándole clases al Botafogo. No se podía creer.

Pitazo y triunfo, saltamos todos y nos fundimos en un abrazo. Eramos todos de Unión por un breve instante. El Maracanazo del siglo veintiuno, y lo presenciamos juntos. Nos terminamos la cerveza y emprendimos rumbo de vuelta a nuestras casas.

- Yo creo que la cagaste terminando, Tomi -me dijo el Luquitas.

- Si algún día me arrepiento, serás al primero que llame para que nos vayamos a tomar una cerveza y olvidarme de eso.

- Sería todo un honor. 

Hoy, 31 de enero, Unión Española vuelve a ganar en el extranjero; ante un equipo de menor jerarquía, sí. Pero igual de importante para meterse en instancias finales de la Libertadores. Esta vez estamos lejos, él en Montevideo viviendo en carne y hueso este triunfo 3-2 con gol de su ex-actual héroe. Y yo en Vicuña escribiendo para distraer un rato la tensión de Las Preciosas.

Nunca hice esa llamada. 






miércoles, 23 de noviembre de 2016

Chupete goleador

Las últimas dos semanas de clases, en cuarto medio, se armó una llave ida y vuelta entre el humanista y el matemático-biólogo. El matemático-biólogo ganaba en número y variantes. El hecho de acumular la mayor cantidad de alumnos entre los tres cursos provocaba un hándicap en el match, pero el humanista; cargando con el estigma de la flojera, la bohemia y el desperdicio, acumuló lo justo para presentarse y mostrarse digno.

Jugaban 5-4-1, sin asco, el estilo europeo; su solidez defensiva marcaba la diferencia para que el único punta clavara el puñal en el momento justo. Como no comían vidrios, de la otra vereda surgía la rabia, el verso del anti-futbol. La rivalidad crecía antes del primer partido.

La MB (matemático-biólogo), jugaba con todos arriba; para compensar el caudal defensivo de su rival con el propio, ofensivo; y así, por acción lógica de la fuerza, terminar rompiendo el cerco. Su único pecado era errar muchos goles, en parte por el arquero del humanista, pero en su mayoría por defecto propio.

Ese primer partido fue sin dudas, el mejor de la serie. La tensión se sentía en el aire. Los dichos de días anteriores, los hueveos en el pasillo, los memes, todo se resumía a esa cancha. El humanista de rojo furioso -emulando a la selección chilena (la de Acosta)- y la MB de blanco-azul, como la buena catoliquita.

El principio fue trabado. Mucha solvencia atrás, reventar y arriba, dios de nueve. Como era previsible, se hicieron grietas en la defensa del humanista producto del cansancio y cayó el primero de la MB, casi al terminar el primer tiempo. Golpe sicológico importante, pero a diferencia de lo que se supondría, de lo que esperaban todos, el humanista salió con asco a buscar su redención. Vivir en el infierno tanto tiempo te quita los escrúpulos innecesarios. Para meterse al barro ya no hay excusas y los cabros mordieron, trabaron y metieron huevos. De todos ellos hay uno especial: el nueve. Le dicen "Chupete" por sus zapatillas moradas y también porque es macizo –por decir lo menos-. El Humberto Suazo humanista. Genio.

Con esa rabia cayó el empate, y Chupete; que parecía aspersor regando la cancha con sudor, no claudicaba. El empate no era malo pensando en la vuelta, ya que se considerarían goles de local y visita. En este partido les tocó visita. Pero los cracks son así: insaciables. No por nada Suazo era el “come arcos”. Chupete quería la gloria, la buscaba, tuvo algunas pero los nervios jugaron malas pasadas; es humano, aunque no se crea, y como tal, falla a veces. El partido se extinguía y cada vez el humanista más metido atrás aguantando el empate, reventando y mordiendo. Suelo, barro, pasto, piernas si era posible.

El arquero humanista descuelga un centro flotado, chato, facilito y abre por la derecha; el puntero que arma la contra, por instinto, daba lo mismo el ratoneo del humanista. Mourinho estaría puteándolo como loco, pero qué importa, no había DT ni fórmulas, solo jugar a la pelota. En un pique de una sola vía, porque no habría vuelta tras este esfuerzo, llega a línea de fondo. Chupete que acompañaba desde la mitad, corriendo a todo lo que daba, lo que quedaba en el tanque, alza la mano y pide el pase, y allá va. Rasante, raspando el pasto, pidiendo un freno.  El nueve sabe que no puede fallar, se cuela entre los defensas y planta su izquierda con fuerza, el apoyo perfecto para tocar con delicadeza la pelota, usando la diestra. Sangre fría impensada, de otro partido. Última jugada y le metió el cooler entero para concretar.

El humanista salta y no lo cree. Chupete, el mismo de las burlas por sus zapatillas, del vapuleo, del murmullo ajeno, metía los pies al fuego y salía airoso, caminando triunfal. Nadie corre a buscarlo por el cansancio, pero el abrazo estaba ahí, eterno y fraterno. Terminó el partido y Chupete mira al cielo, buscando en él su recompensa. Le torció la mano al destino y se inmortalizó en la retina de quienes vimos ese gol, lleno de sangre y tierra. 2-1 para la historia, para una serie que terminarían ganando. Y aunque la MB nunca pagó la apuesta, qué importa, él ya pagó sus deudas y partió con una sonrisa del colegio, de esas que no te borra nadie.


viernes, 11 de noviembre de 2016

El Penal

Se escuchó el pitido seco, se frenaron las almas mientras veían al arbitro correr con el brazo firme apuntando el punto penal. Sí, penal. Minuto 88, 89, 90; qué importa. Era penal en la última jugada. Los de blanco se tomaban la cara y los de rojo se miraban nerviosos pero felices, era la opción de ganar el partido pero nadie quería la responsabilidad. La grada al rojo vivo no dejaba de gritar, exigían justicia y concretar, mordían la rabia acumulada de sus fracasos y escupían sin tapujos todos sus complejos de futbolista frustrado. ¡QUE LE PEGUE EL CAPITÁN!, gritaban desesperados desde la barra; porque claro, quien más que el líder para tomar tal peso sobre sus hombros. 

Se paró con personalidad pero las piernas vibraban un poco, junto al estadio completo. Mirada fija, brazos en jarra, el sudor corriendo por la frente, incomodando aún más la escena. En la malla del arco el cielo, a los lados y arriba; el infierno. El debate eterno con un solo protagonista, quien balancea su destino en un disparo: todo depende de él. No hay espacio para dudar, dudar es de débiles, de cagones. 

El juez se fija que el arquero esté sobre la linea y pita, el pateador toma carrera y patea. La pelota toma su curso, decidida. Ni arriba ni a los lados: ambos en su nerviosismo prefirieron el centro del arco. El arquero la recibe con las palmas. Un regalo divino, héroe sin méritos y verdugo sin intención. El pateador ve de a poco como se desvanece la ilusión, falló y lo sabe. Se toma la cara, se saca la jineta y corre llorando al camarín. 

El estadio que antes retumbaba, ahora solo murmura, haciendo eco del error y martirizando a quien lo marró, mientras toma carrera a cambiarse. Un hoyo en el suelo sería lo ideal para saltar en él, no quiere saber nada de nada. El técnico al ver esta presión sicológica sobre su dirigido, se da vuelta y ante los hinchas les grita: ¡SON CABROS CHICOS HUEÓN, PIENSEN UN POCO!.

Los papás se callaron y los niños se saludaron en el medio de la cancha porque tras el penal, terminó el partido. 0-0 en la final de la Copa Amistad, ambos ganaron medallas y una foto juntos promoviendo el fair-play. Del capitán no se supo más, anunció su retiro tras ese penal.

martes, 11 de octubre de 2016

Cuento 1

Salí del metro acongojado, era como que me faltó algo adentro, no dejé de mirar a esa mina y ella no dejó de mirarme. Fue cuático como nos encontrábamos y sonreíamos, pasaban las estaciones y la sentía cada vez más cerca, magnetismo dentro del metal del vagón, foco a foco en el túnel. Cuando llegó mi estación y bajé compartiendo nuestra última mirada, me arrepentí. Me dí vuelta para volver y saludarla, pero el cierre de puertas golpeó mis ánimos y quedé plantado frente al vidrio, con ella mirándome y riendo.

Es curioso como a veces uno conoce gente sin hablar absolutamente nada, la complicidad de la presencia y el interés mutuo; basta devolver una sonrisa. Quizás pasamos tiempo con gente que conoceremos después y ni lo notaremos, no notaremos que ya nos vimos antes y compartimos un momento de conversación. Cada cual tiene su historia y dice mucho de ella en cómo se comporta durante un viaje en el transporte público, o como camina, o como es simplemente; y desde ya está compartiendo un espacio de su vida contigo. Es por eso que me gustan los silencios cuando hablo con alguien, el cuerpo se expresa y libera un montón de emociones, un abrazo aprieta más, un beso acelera más y una mirada quiebra más el alma. Puede sonar demasiado rebuscado pero a veces no hay como explicar lo que uno siente, eso inexplicable es lo fuerte de las emociones, solo llegan y producen; no hay mucho trayecto, es energía transformándose constantemente y explotando a través de uno.

Tanto así como que el destino logró que yo pagara mi pasaje al unísono que ella, bajara justo para tomar el mismo tren y el mismo vagón, a la misma hora del día, el mismo día; y precisamente quedáramos frente a frente para experimentar con nuestra energía en el otro. Tenía el pelo largo, hasta un poco más abajo de sus pechos, castaño, tez morena y sonrisa blanca. La nariz un tanto fina y marcando un hoyuelo a cada sonrisa. Era alta, que tal un metro setenta, más o menos. Se escondía y aparecía, se daba color pero me interesaba, quien sabe si yo también. Por dentro ella estaba deseando que yo diera el primer paso, rehuía de romper el cliché ''el hombre debe saludar primero'', se mostraba como tímida pero a esa altura qué importaban los miedos y las ataduras, estábamos en un piso ajeno al vagón, tomando nuestro propio viaje dentro del subsuelo santiaguino. Hasta que me bajé.

jueves, 15 de septiembre de 2016

El paisaje salvaje

A las tres de la mañana se me ocurre revisar el pasado, me golpeó la nostalgia brígido mientras meaba antes de ir a dormir, luego de ganar la última ranked. "Ya han pasado 3 años", pensé. Me acosté y revisé el teléfono, lo tuve un buen rato en la pantalla de bloqueo y me decidí.

Lo que más me provocó ver todo eso que las queridas redes sociales guardan, para luego autoflagelarnos leyéndolo, fue pena. Me sentí como el pico porque tengo la envidiable capacidad de ser un conchesumadre con la gente que me quiere, real y desinteresadamente. Tanto al punto que me odio por unos segundos, unos segundos larguísimos donde quiero mandar todo a la mierda y llorar. Botar todo para luego hacer como que estoy bien. Que ya pasó.

Leo y releo la conversación y me siento cada vez peor. Este masoquismo de mierda que no lleva a ningún lado, curiosamente me proyecta imágenes bonitas, porque eso es la nostalgia: el recuerdo feliz de algo que pasó y que nos marcó.

La mayoría de gente que me conoce opina igual de mí, y eso me tranquiliza bastante. Me da un break dentro del estrés acumulado por años, intentando definirme a mi mismo. Y yo leo y leo, un poema entremedio: 

He conservado intacto tu paisaje
pero no sé hasta donde está intacto sin ti
sin que tú le prometas horizontes de niebla
sin que tú le reclames su ventana de arena.

Son las tres de la mañana el 18 de julio del 2013 y seguimos hablando de lo que pasó el día anterior, y yo sigo escribiendo de lo que pasó hace tres años, y todavía tengo el cuadernito lleno de poemas, y todavía tengo la carta, y todavía me acuerdo que el ringtone era La Sinceridad del Cosmos -tema culiao, me cargaba- y sonrío nervioso acordándome de cuando saliste del metro en Cumming, cuando fuimos a la conchesumadre y más allá a ver a los Ases Falsos y sobre todo, sonrío nervioso por lo mierda, frío y desagradable que fui aquel día. Lo bueno, es que después de aquel día, no me viste más siendo así de nefasto. 

martes, 2 de agosto de 2016

¡Por fin hueón, por fin!

Fue un día especial, dormí bastante en la tarde buscando soñar con el gol de esa noche. Pensé en muchas alternativas: un rebote, un cabezazo, un zurdazo, al ángulo. Todo lo que pudiera ser, ojalá que fuera. No estaba bien, venía de una lesión que me mantuvo tres semanas fuera de las canchas, además de sumar que no había dado ningún abrazo de gol en todo lo que llevaba de carrera en Nacional. Eran seis meses de sequía, goles anulados, palos y muy poca confianza. Seis meses de incertidumbre, lesiones y cuestionamientos.

Como era la costumbre me fui con el Nacho a la cancha, mi vecino y amigo; por quien entré al club. Hablamos todo el camino de cualquier otra cosa menos fútbol, estaba muy nervioso, no sé por qué tanto. La noche se ponía fría y yo solo pensaba en los videos de Fernando Torres que vi antes de salir. Siempre fue un referente para mí: parecía displicente pero apuñalaba en el momento justo. Era impredecible, en un sprint veías el número marcando el gol. Una inspiración para mi vuelta. Camarín, vestirme, vendas en los tobillos y una en los dedos apretando meñique y anular. Polera manga larga y a calentar.

Fue un partido difícil, contra la Universidad de Chile. Me sentía pesado, lento, errático y tropezaba infinitas veces en el pasto por la humedad del invierno santiaguino. Pase entre líneas que me cae boteando, el arquero sale y la defino por arriba: globito perfecto. Me doy vuelta buscando la celebración pero la bandera del offside me anula todo. Primer tiempo 0-1 y la presión era insoportable.

Pese a todos mis pronósticos el profe me dejó el segundo tiempo en cancha siendo que no daba un pase bueno. Me sentía pésimo adentro, estaba sobrando, pero había que meter. De pronto, se abrió mi ventana: el Itu la roba y toca hacia adelante, corre el Osvaldo y parece que se va por el fondo pero llega –los centrales estáticos que no la creen-, centra y la pelota viene hacia mí. Despacio, pidiéndome a gritos que no la cague, que es ahora, que tiene que ir adentro como sea. Contrólala y pega, cabecea, que se yo, tiene que ir adentro.

Así lo rezaba el viejo adagio: "Si estás en el área chica frente al arco, metela adentro. Luego discutiremos las posibilidades". Me acomodo y saco una tijera antinatura en mi gama de posibilidades. ¿Cuándo en la vida iba a meter una acrobacia así? La calzo perfecto, con el empeine acompañando el movimiento. Caigo de lado mientras veo que el arquero se estira abajo pero no llega, se infla el arco y en un segundo estoy de pie.

La sensación es cuática. Corro hacia adelante apretando los puños y gritando “VAMOS” una y otra vez. Es como en las películas, cuando hay un ruido muy fuerte y el protagonista ve a todos gritar pero solo escucha un pitido o el vacío, bueno, así fue. Mientras gritaba veía al resto hacer lo mismo pero solo me escuchaba a mí. Un momento tan propio, de redención, de sacarme tantas frustraciones acumuladas en el año, hasta me di un gusto y me deslicé de rodillas como siempre soñé hacerlo, desde que era un pibito moviéndola en la cucha. Me acuesto y veo al resto del equipo caer sobre mí, todos me gritan pero solo sonrío y miro el cielo, no entiendo qué mierda me dicen pero qué importa también. Gol, gol y golazo la concha de mi madre.

Llegué a la mitad de cancha para sacar de nuevo, ahí me espera el Nacho, me abraza y me dice: “Qué golazo, conchetumadre”.

Empatamos ese partido pero yo gané, en confianza, en ganas y sobre todo en sueños cumplidos. Cuando me acosté y miraba el techo en la oscuridad, repasaba una y otra vez el momento: el centro, el instinto para acomodarse, caer al piso y levantarse en un movimiento, gritar como nunca lo había hecho. Hace poco tiempo vi ese video de Carcuro gritando tras el penal de Alexis: “¡Por fin hueón, por fin!”. Creo que nada define mejor lo que grite esa noche antes de dormirme, por fin me descartuché y dejé los fantasmas un poquito más atrás. El destino me permitió vacunar de nuevo a la U en mi último partido, con otro golazo -está hasta grabado ese- y despedirme como debía.


Porque el fútbol si tiene cosas bonitas. Demora, hay que tenerle paciencia, pero cuando llegan esos momentos puta que se siente bien. Tanto esfuerzo, tantas recuperaciones, tanto llanto en pos de un objetivo que se cumple. La mejor noche de mi 2015, por lejos.

viernes, 22 de julio de 2016

Cuarto Rey

Caminaba por San Francisco hacia la casa del Riffo, compañero de colegio y de mil andanzas nuevas para mi, con ingestas de alcohol cuestionables; rozando lo insano, salidas atrevidas, conflictos internos, botellazos, tragos al seco, mucho tomanji y chupística, Age of Empires y sobre todo, charlas misóginas. La noche estaba tranquila, la luna brillaba más que de costumbre acompañándome desde Santa Lucía. Hoy se nos venía otra noche de joda en el Palacio Real de Balta -nuestro micropaís-, Palacio que era un altillo dentro de una pensión llena de extranjeros, que desafiaba las reglas de la ingeniería y la arquitectura, y que ponía a prueba el temple y equilibrio de cada uno de nosotros para bajar por esa escalera a mear y no morir en el intento. El altillo tenía una mesa de centro rodeada de sillas y pisos, unos colchones viejos, libreros, una tele con un VHS y muchos cuadros esparcidos. Esa noche teníamos una nueva incorporación: un tubo de PVC que cruzaba el piso de arriba para llegar hasta un desagüe misterioso. Efectivamente, teníamos un nuevo urinal. Como avanza la ciencia, no digo yo.

Llegué y ya estaban todos los Bálticos; no diré sus nombres porque ellos saben quienes son. Dejé mi mochila y fuimos a comprar los bebestibles a la esquina. Nuestra minoría de edad no era drama y las amables viejujas nos abastecían sin problemas, porque perder casi 15 lucas era una aberración para una pyme pequeña como lo era esa botillería. Sacamos unos vasos plásticos y dimos inicio a la tomatera más brigida de mi vida, pero iremos por partes. 

Iniciamos con una ronda de tequila y Coca-Cola. El Charro Negro no era rival para nuestros hígados trabajados y lo tomamos casi al seco, ¿algo así como cuando los Maggios cantan para iniciar las reuniones en Los Simpsons? Bueno, ese fue nuestro aperitivo. Luego vino la chupística, y también la sentimos aburrida, más allá de las tallas que nacen y todo el rollo. La mejor anécdota de ese momento fue cuando hubo un corte de luz, un peruano gritaba: "Señor don Vicente" (dueño de la pensión) repetidamente mientras se acercaba a la caja con los switch eléctricos para tratar de restaurarla, fue ahí que se escuchó un grito desgarrador, comparable solo a que haya visto al diablo o que se haya dado una descarga de chorrocientos mil voltios, o una patada bien puesta en las hueas. Unos segundos después, volvió la electricidad. 

Uno ya había vomitado por la ventana y la noche parecía morir, hasta que apareció el Cuarto Rey. Nos pareció buena idea innovar y le dimos, con huevos y muchas ganas de borrarnos -como era la tónica de esas noches-, llenos de problemas juveniles, sufriendo por mujeres y cahuines.

Pasaba el tiempo y ese vaso al centro de la mesa se veía cada vez mas aterrador, un vasito whiskero albergaba tequila, pisco, ron y vodka. Nadie quería la carta maldita y ya íbamos en el tercer rey, faltaba el de corazones y a todos nos sudaba el potito de solo pensar en su pronta aparición, en un mazo cada vez más desnudo. 

Llega mi turno y con la cuea de esos años, me toca el cuarto y último rey. No me iban bien las mujeres, en fútbol no daba una, Carrillo me rajaba en matemáticas y Venegas en química. Recibía el hueveo constante de ser humanista y pa' peor me ofrecí de secretario del Centro de Alumnos. No era mi momento, para nada. Tragué saliva, cerré los ojos, levanté el vaso y para dentro. Un dato freak es que unos días después me contaron que metieron hasta jugo de mesa en ese vaso, un pañito con todo lo que cayó en la madera se estrujó para crear un elixir supremo, una ambrosía de dioses. Estuve unos cinco minutos terminando esa mierda para quedar en un estado de éxtasis, en el nirvana. Alguien propuso ir al Bella. Todos asentimos y nos pusimos en marcha. 

Me saque la chucha no sé cuantas veces, nos siguieron unos perros, unos chiquillos querían subir a su auto a un amigo nuestro seduciéndolo con un bocinazo y un coqueto: "EL DE CAMISAAAA", a la altura del Mapocho. Conocimos a unas chiquillas de dimensiones voluptuosas que buscaban unas amigas perdidas, vimos a un paco con metralleta, casi atropellan a uno de nosotros y fuimos escoltados hasta la casa por otra jauría. A eso de las cinco de la mañana ese néctar envenenado empezó a corroer mi cuerpo y me sentí mal, llegamos y el Riffo dijo que cocinaría algo. Hizo vienesas pero en vez de alimentar a su tropa, se las dio a la jauría que nos acompañó. Yo moría lentamente en un colchón, con la conciencia manchada y las extremidades dormidas, balbuceaba unas cosas al que tenía al lado con la culpa del curao' que se jotea una mina y no debe hacerlo. Eran algo así como las seis y media. Heroicamente vencí al alcohol y no devolví nada.

Desperté fermentando y con la luz del sol en la cara, me levante como pude y caminé hasta el metro. Iba destrozado y en el vagón una señora no paraba de mirarme con cara de: "Esta es la juventud actual, con caña en el metro a las 11 de la mañana". Ya en mi hogar prendí el computador y me metí a Facebook, tenía una solicitud de una niña que jamás había visto pero que me sonaba. Era una de las chiquillas de ayer, apagué todo luego de ver eso y me fui a dormir. Me saqué los pantalones y tenia heridas en toda la pierna, raspones, moretones y una costra salida. Filo, al sobre nomás.



miércoles, 1 de junio de 2016

Lágrimas de niño

Fernando sale de la cancha, un pelotazo en la cara le tiró un par de dientes y no quiere seguir jugando al arco. Tiene seis años y sale llorando, era que no. Su carrera bajo los tres palos ha terminado.

Siguió intentando en el fútbol y tras unos clubes de barrio llega a las inferiores del Atlético Madrid, esta vez como delantero centro. Su abuelo lo enamoró del club cuando visitaron juntos el museo en el Vicente Calderón. Torres afirma que ese tour le cambió la vida.

El resto es historia conocida: ídolo y figura en el Atlético, viaje a Liverpool y más éxito donde incluso fue nominado al Balón de Oro en el 2008, terminó siendo el tercer mejor jugador del mundo ese año. Detrás de Messi y Cristiano Ronaldo, una cosa poca. Mundial 2010 en Sudáfrica y campeón, aunque una lesión le impidió jugar todos los partidos de titular.

Después de ese verano no fue el mismo, decayó en Chelsea y nunca pudo reencontrarse con su fútbol, pese a que fue campeón de la Champions League. Londres no era su lugar, buscó nuevos aires y salió para peor. La gente nunca estuvo del todo convencida con sus actuaciones y se vio opacado por un Drogba intratable aquel año. Finalmente en el 2014 emigra a Italia para firmar su curva descendente: un gol en 10 partidos. El hijo pródigo lanzaba gritos de auxilio, siempre en silencio. Fue cuando en España, en Madrid, respondieron al llamado: Fernando tendría su vuelta a la que siempre fue su casa.

Dos años después, en el mismo estadio donde no logró nada importante The Kid estaba a punto de cumplir su sueño más profundo: ser campeón de la Champions League con el Atlético. Entró a San Siro serio, nervioso y ansioso. Con su temple de veterano pero con el estómago revuelto no por un estadio lleno, ni por una final, eran los nervios de un quinceañero con su primer amor. Estaba ahí, el beso a la copa con la camiseta que siempre quiso y la única pegada a su pecho.

No se daría fácil, a los colchoneros le tocaron las eliminatorias más complicadas de la copa. Tuvieron que eliminar al Bayern Munich y al Barcelona para llegar a esta instancia, pero es esa mística, ese camino rocoso que fue superado a tranco firme lo que les daba fuerza a los 11 que dispuso el Cholo en Milán. Con la nueve, erguido y orgulloso, Fernando Torres comandaría el ataque rojiblanco.

El partido empezó cuesta arriba como toda la historia del relegado de Madrid, el que tiene menos reflectores, al que todos los niños del mundo quieren ganarle jugando por el Real, gol de Ramos y los fantasmas de Lisboa asoman coquetos en la mente de los jugadores. Simeone no deja de ladrar desde la banca, intentando aleonar a sus pupilos que se muestran nerviosos, un poco torpes y lentos al atacar pero con muchas ganas. Se acaba el primer tiempo y el Real aventaja a su rival de siempre 1-0.

Saltan de nuevo a la cancha los 22 protagonistas y Fernando, que tanto lo había buscado sabe que es su momento de gloria. Puteó a Griezmann el primer tiempo porque no se la tocó para asegurar una opción errada por el francés, pese a que todo estaba invalidado por offside. Es de esos partidos ingratos, que nadie recuerda al que desgasta y sí al que anota. Los dos centrales no dejaron respirar a Torres, corrió, metió diagonales, arrastró marcas, hizo todo el recorrido para darle un espacio a Griezmann o Saúl, y luego a Carrasco.

Combinación por la derecha del Atlético y la pelota cae al punto penal, Fernando rápidamente le gana la pulseada a Pepe y posiciona el cuerpo para girar y pegar: esta es, si no es ahora no es nunca. Toda la vida esperando esta media vuelta para cobrar lo que tanto merece como hincha y símbolo del club. Atrás quedarían los 13 partidos de sequía con el Chelsea, la lesión de la rodilla previo a Sudáfrica, los fantasmas, la crisis futbolística, las burlas, todo lo que pasaba por su mente se resumía a esa media vuelta. Pero no, así como la vida; el fútbol es cruel y no le tenía ese destino a Torres. Pepe le arrastra la pierna de apoyo y el delantero cae. Clattenburg pita penal y la parcialidad colchonera explota, Griezmann corre a por la pelota y Fernando yace ahí, en el suelo tocándose el tobillo izquierdo. Se levanta y mira de reojo a Antoine quien ya tiene el balón en las manos, decidido. Quiere patearlo él pero sabe que no es el designado. Patea el zurdo y la manda al travesaño, Torres ni corre el rebote y el francés lanza un escueto: "La puta madre".

El empate de Carrasco es una anécdota y nos vamos a los penales para definirlo todo. Torres esta vez si pateará, el quinto, el de la hazaña. El de la primera Champions League para con su amor eterno y él, como sempiterno goleador, debe inmortalizarlo. Va 4-3 el marcador y Juanfrán falla. El tiempo parece detenerse y Fernando ve caminar de vuelta a su lateral derecho. Cristiano va a tomar su lugar, el del gol de la victoria, el que se llevará las cámaras, mira al siete de los blancos que toma carrera y anota. Perdieron, de nuevo. Otra vez les toca ser segundos y se le viene encima lo que le dijo Aragonés en la Eurocopa del 2008: "Del segundo no se acuerda nadie, ténganlo claro."

La fila rojiblanca se desarma y cada quien busca sus respuestas, el nueve se mantiene con las manos en la cintura y se dispone a abrazar a cada uno de sus compañeros, como buen líder. Tras la formalidad se da su espacio, se sienta y comienza a llorar. Sincero, sin ningún asco, perdió y le duele como nunca, era el partido de su redención, de su renacer y se le escapó. La frustración de alguien que corrió todo el partido y no pudo ni patear al arco tanto en los 120 como en los penales. Se levanta de a poco y Saúl viene a abrazarlo pero no hay consuelo, Fernando mira al espacio con más pena que rabia y se deja embargar por la sensación general. Otra vez se le escapó a su equipo, y Torres llora como el niño que siempre fue, es y será.





jueves, 19 de mayo de 2016

Crónica de una muerte anunciada

El Martín me rebota entre tres el lateral que le acabo de servir, me la deja pochita a tiro de gol. Una jugada totalmente aislada del momento que vive, está frustrado, nublado, regó la cancha con su sudor. Pero ahora fue inteligente y sin pensarla vio a un compañero mejor ubicado, pase, hágalo. Vamos perdiendo por dos y si la meto podríamos darle un giro a esta novela. Me perfilo sabiendo que tiene que ir sí o sí adentro, un paso corto y uno largo, la engancho perfecto, entre empeine y borde interno, con fuerza ascendente que lleva destino de gol. De golazo en realidad. Cuando ya se estaba abrazando con la red en el ángulo superior derecho, aparece un cuerpo del rival y la manda afuera, al corner. Saco y en el apuro perdemos la opción, contra y lápida. Ya no quedan piernas ni mente para seguir soportando más embates.

Suena el pitazo y me tiro al suelo, me siento, me saco la polera que me pesa 20 kilos en puro sudor y veo como pequeñas gotas caen entre mis piernas. Perdimos la opción de quedar punteros y asegurar playoffs. Me siento más culpable que nunca, la semana pasada dimos un baile y hoy fui un fantasma. El fútbol a veces despierta de malas contigo, a medida que pasa el partido te suma frustraciones, quejas, rabias y te impide algo tan merecido como un gol. Machacamos y machacamos, se nos lesionaron 2 y uno jugó con pierna y media. Pero nunca claudicamos. Se necesitaba alguien que tirara del carro y el Martín corría toda la cancha ida y vuelta, desordenado, impetuoso, prepotente, con la sangre corriendole a full por las venas, del sur a la capital hay un solo camino y se abre paso por el, a la mierda si alguien se enoja: yo pongo la pierna fuerte y a llorar a la Iglesia. Nadie más corre a esa altura pero sigue ahí mordiendo, molestando, incordiando aunque sea, a quienes ya se ven con su primera victoria del torneo.

Yo a esa altura ya estoy destrozado, fatigado y golpeado. Me arden los tobillos y las rodillas, tengo la nariz hirviendo, el tabique quebrado que luzco orgulloso me dificulta respirar y me estoy ahogando por dentro. Solo quiero que se acabe, da lo mismo el resultado. Es entonces que me doy cuenta de lo que está corriendo mi compañero, ese que fue el primero en hablarme cuando llegué a la universidad, que se sabía mi nombre y yo ni por enterado quien era él. Me sacudí la mierda y traté de aportar, con más coraje que fútbol.

Pellizqué unos cuantos tobillos y me estiré buscando interceptar un pase pero ya no me daba el cuero, acabábamos de descontar tras un gol de él y pase mio. El Jhona me decía que quedaban diez, que aún se podía. Pero yo no me sentía en condiciones de hilar alguna prenda de maravilla europea, no metía ni un enganche corto, se me vino toda la paja acumulada encima, tanto no hacer nada en el día cobraba sus intereses y bueno, ahí estaba yo con el sudor frío y con las piernas en la mano.

Sale la pelota por la banda y es lateral, no me quedan opciones y el Martín se descuelga entre tres. Aparece como si nada tirando manotazos para plantarse firme y dispuesto. Gana la posición con oficio y me la toca de vuelta, de nuevo la responsabilidad y todo lo mencionado encima. Pero hoy no, hoy no me siento el mismo, sabía que no iba a entrar por mucho que quisiera. La pelota hoy no quiso nada conmigo, es lo lindo y lo trágico del amor, el teatro del fútbol, me ganó la ansiedad y el posible cumplimiento de la primera parte del sueño. Me siento y repaso todo lo que hice mal, todo, desde que entre a la cancha hasta que salí. El Nico me revuelve el pelo y ayuda a levantarme pero estoy ido, frustrado y enchuchado. El Martín sale callado, con la cara roja llena de furia y esfuerzo, le pega una patada a la reja mientras pasa y se mete al camarín. Se cambia de ropa y se va, sin decir nada. Fútbol conchetumadre, hasta la otra semana.


martes, 17 de mayo de 2016

Una final

Punto culmine, momento donde todo lo que hiciste tiene su desenlace sea justo o no. Aquí no se sabe de justicias, o la ganas o la pierdes pero no puedes esperar que tus méritos anteriores te lleven a lo que deseas. La vida es así, aunque duela. No hay muerto malo y los que pierden finales son muertos, no hay crítica alguna. "Pobrecitos, no pudieron." Que mentalidad más basura.

El gusto de vivir en un círculo que espera de la meritocracia los dones divinos, y no es así. La vida no es como uno quiere por más que haga esfuerzos. Me toca ser el amargo pero sí. Hace rato me di cuenta que los azares definen quienes somos, o el destino, pero hablar de méritos es tiempo perdido. Puedes sentirte mejor o peor con tu cuenta acumulada pero al fin y al cabo no define que será de ti en 20 o 30 años más.

A veces pega duro todo, pero depende de uno aguantar estoico o quebrarse. Me tienen podrido los moralistas, los que se llenan la boca pregonando mierda para después limpiarsela como se debe, chato de los esquizofrenicos y salfatísticos que en todo ven un pero, de los suspicaces que siempre esperan lo peor del otro. Que gente de mierda loco, un segundo no dejan de romper las pelotas. Pero bueno, uno no puede pedirle peras al Olmo y si ya se arraigó esa mentalidad y esa manera de actuar es difícil que un don nadie la cambie.

Hoy vivo mi final o mis finales, ya que ojalá sea más de una. Es un momento complejo y de suma tensión pero que si todo sale bien podré dormir un poco más tranquilo. No me hago el santo en un mundo hecho mierda pero si me considero lo suficientemente correcto para decir que no escupo al cielo -por lo menos ahora- ni me chupo las bolas creyendo que está bien. Au revoir.


lunes, 15 de junio de 2015

La bola de nieve

Chile empieza su participación en la copa América, las expectativas son altas pero en su mayoría de público ajeno al (nuestro) mundo del fútbol. Público que se da el lujo -porque es un lujo pagar las entradas- de ir a presenciar el partido en el estadio, y que esta sea su única visita a una cancha en mucho tiempo. No tengo nada contra ellos, ni con los que lo ven como el regalo para un pequeño que vibra más con la selección porque aún no define sus colores o los que lo ven como la oportunidad para reconciliarse con su viejo. Pero no perdono, y eso jamás, a aquellos que van a jactarse de su presencia, que opinan como eruditos acerca de un tema del cual no tienen ni idea, que lo ven como la oportunidad perfecta de la aceptación y reconocimiento social. Qué vergüenza ser ellos, los sin identidad.

Ya después de pasar por este bodrio que es aceptar que gente desconocida venga a escupirme en la cara en mi propia casa, están los que lo encuentran bonito, los que se regocijan al ver que pase esto. No lo puedo creer.

¿A esos que no ven fútbol en todo el año le celebras que apoyan a la selección de vez en vez?, ¿a la relación más hipócrita y cínica que hay?, ¿te sientes bien regalando este deporte a quienes no les interesa una mierda?. Tú no amas el fútbol, tu no tienes nada de amor por la pelota, que te mira triste, traicionada. A ti te importa encajar en el asado de turno comentando sobre jugadores, con quienes no le vieron UN partido siquiera en toda la temporada, a mi me daría vergüenza. Y más aún que lleguen y se den el derecho de putear a un jugador porque no corrió los 90 minutos. Por favor. Que se creen con la autoridad, llena de petulancia y arrogancia, de exigirles que cumplan con su trabajo; que para eso están.

Cuando ganan, ganamos todos; cuando pierden, pierden ellos. Perdió Bravo que no atajó el penal, perdió Alexis que no la metió adentro, perdió Vidal que dio un pase malo hacía atrás, perdió Medel que no metió los huevos que mete siempre. Qué increíble, de pronto estoy en un foro hablando con los máximos sabios del fútbol mundial, cuando -y estoy seguro de esto- nunca han pateado una pelota.

Se pasó a cinco, incluido al arquero y le pego a la cara externa de la red. Se lo perdió: malísimo, típico jugador chileno mediocre, "jugamos como nunca, perdimos como siempre", falta mentalidad ganadora, que vuelva Bielsa. Es como si esperasen el error, disfrutan ver como fallan para luego despellejarlos en su derrota, como verdaderas carroñas. Empiezan a manejar números y combinaciones. "Qué hay que usar el 4-3-3", "Sampaoli ratón que juega con un 4-4-2", "Deberíamos volver al 3-5-2 de Brasil". Me impresiona ver tanta sapienza, casi como técnicos, es cosa de mandar a los jugadores de cierta manera y listo, ganamos.

A mi no me gusta la selección, hace rato que le perdí el gusto, pero que basureen mi deporte -sí, es mi deporte como el de muchos que lo amamos- y que lo haga gente que no tiene pito que tocar por una cosa de integridad me apesta, me toca el orgullo y me enoja mucho. Pude moverme del camino de la bola de nieve, que trae toda esta parafernalia y euforia, con cornetas, gorros, banderas, y todos los productos del buen hincha. Estos giles no merecen una frase para terminar mi columna. Chao.



sábado, 9 de mayo de 2015

Que yo no duermo bien de noche

Pregunta
respuesta
conversación
risas
audios
fotos
vídeos
confesiones
palabras lindas
quizás cariño
expectativas
entusiasmo
programación
vuelta a casa
organizarse
llegó el día
conocerse
nervios
carita rojita
abrazo tembloroso
caminar
esculturas
Mapocho al lado
abrazos, ahora seguros
frente a frente
frases
beso robado
beso tímido
beso tibio
beso normal
beso
despojo
libertad
empezamos
de la mano
Mcdonals
comida
a nuestras casas
universidad
indiferencia
forzada
plaza Brasil
dos días
beso escondido
seguir jugando
a no ser nada
completos
beso aclaratorio
risas
cariño
me gustas
te quiero en realidad
no hay rollos
de la mano a todos lados
pareja
marzo
abril
sueño
pesadilla
enamorado
menos rollos aún
besos con amor
te amo
mayo
fin de las pruebas
planes
regaloneo
cama
los dos
al otro día
expo
fallida
parque
me encantai
te miro
qué nervios
pregunta
respuesta
polola, al fin



Trae tus pijamas...

domingo, 22 de marzo de 2015

Aunque me corten las piernas

En 4 años:

Una lesión
tibia y peroné, fractura
Dos lesiones
tobillo, esguince
Tres lesiones
cúbito, fractura
Cuatro lesiones
tobillo, otro esguince
Cinco lesiones
nariz, fractura
Seis lesiones
rodilla, esguince

Si fuera desesperanzado, hace rato me dedicaría a dibujar, fotografía o a mirar pájaros.

Pero me gusta tanto recuperarme de las lesiones, ir a jugar, tener la pelota, recibir patadas, caerme al pasto, pararme; buscar la pelota otra vez, correr con ella, ir de frente ante quien me pegó, pasarlo, hacer el gol, desconectarme, sentirme feliz haciendo eso que aunque me quede sin piernas voy a ir a una cancha para ver fútbol, y si me quedo sin ojos voy a escucharlo por la radio, y si me quedo sin oídos entonces ahí, sería un buen momento para morirme.

jueves, 29 de enero de 2015

Cuando la perdemos, somos uruguayos

Eso siempre nos decía mi técnico en el entretiempo, que es Uruguayo claro está, reclamarnos que había que meter huevos o sacaba a todo el equipo si era necesario. Qué crack.

He perdido tantas cosas que siento que para recuperarlas solo puedo usar esta filosofía: O me dejo el pellejo o no duermo tranquilo. Agradezco haber podido asimilar esa manera de vivir, porque ya trasciende al fútbol.

El 2015 partió como el hoyo, pésimo, horrible, no pudo ser peor. Terminé definitivamente y de ultra mala manera, cuando vi un rayo de luz porque entré en los titulares de un equipo al que llegue un mes antes se aparece un mala leche y me fractura 2 huesos de la nariz al segundo partido de la copa; pa' la casa y sin un mes de deporte alguno.

En este claustro que llevo he podido pensar mucho, porque más que eso no puedo hacer y realmente ya no tengo espacio para conclusiones. Es que no las hay, no puedo llegar a nada porque me falta de todo; cerrar muchos ciclos, con personas, conmigo mismo. A la única conclusión que pude llegar es definirme como persona.

No es una sola definición, son muchas y creo que cada situación va sacando lo mejor de mi, esto porque ya no creo que pueda salir algo peor. Son tantas las veces que me he caído, que me han botado también que me impresiona poder levantarme cuando varios ya se hubiesen sumido en su mierda y depresiones. No me siento especial para nada, simplemente me siento orgulloso de mi y me creo el cuento de que yo puedo, yo puedo hacer lo que quiera si me lo propongo. Ya tengo varias metas a corto y mediano plazo así que cuídense jajaj.

También me di cuenta de lo mucho, y aunque suene cliché, simio o que se yo, de lo mucho que el fútbol ha significado y significa para mi. En Nacional llevo un mes y algo, y realmente desde el día que llegué me sentí parte de un equipo, de una familia; nadie me miró feo, nadie se privó de darme un pase, de compartirla conmigo pese a que nunca habíamos jugado juntos: era como darle tu hija a un desconocido para que la lleve en sus brazos.

Es lindo sentirse parte de algo grande, donde todos reman para un mismo lado. Y es que nunca lo había sentido antes.

Para que más hablar de mi otro equipo La tuve ahí, entrañable club que armamos con amigos del alma. Cuando empieza el partido, contra quien sea, todos y cada uno deja hasta lo que no tiene por el otro, aquí me quiero detener para hablar de alguien es especial: Mi portero y capitán, el Luquitas.

Muchos me dicen: '' Oye, por qué seguí trayendo al Lucas '', '' Es malo, no sé que le veí '', '' Deberían decirle que mejor venga a ver '' y cosas así. Lo curioso es que si yo digo que va a ser nuestro arquero, nadie lo discute. Y no es que mi palabra sea ley, sino que ahí entienden la razón: Pese a todas sus dificultades, que el mismo se impone está ahí rompiéndose el lomo para atajar lo más posible.

Cada vez que lo veo achicando, o descolgando una pelota o estirándose abajo (que es lo que más le cuesta jaja) me entra una inyección anímica tremenda, y me digo: '' Él con todo lo que le pasa, ahí está: matándose ''. Esa es la sensación de que estás en un equipo, cuando es más importante ir a trancar con la cabeza no para que digan que tienes huevos sino para evitar que el equipo salga perjudicado. Aquí no existen las figuras, aunque uno haga 10 goles los celebra y les da responsabilidad a todo el resto.

Cuánto enseña este deporte por favor, y cuanto salva de la realidad. En una cancha he sido realmente feliz, al 100% sin preocupaciones. Si tiene tiempo, lea lo siguiente; de alguien que respira fútbol para ud.



El fútbol es un estilo de vida... Tierra y piedritas... El entrenamiento terminó, parado con el bolso bajo el brazo uno se detiene un momento y se queda mirando la cancha.

Tierra, piedritas, pasto, el lugar donde jugamos.

Esa tierra y esas piedritas donde alguna vez nos caímos y nos raspamos las rodillas, las caderas, los codos, las manos...

Esa tierra y esas piedritas que nos quedaban adentro del botín y nos molestaba durante el partido y hasta nos sacaban ampollas...

La tierra que hizo que ensuciemos toda la casa y escuchar a mamá decir, sácate los botines y las medias afuera y vas directo a la ducha...

¿Qué es lo que nos da la fuerza cada año para arrancar un campeonato?

Los domingos me gusta dormir te dicen todos...

Es mejor el fútbol 5 te dicen tus amigos...

No estamos nunca juntos te dice tu novia...

Pensá en estudiar y trabajar te dicen tus parientes...

Pensás por dentro y sonreís... Qué saben ellos de qué cosa significa el fútbol para vos


Qué saben ellos de la tensión y los nervios que no te dejan dormir un día antes del partido...

Qué saben ellos de los partidos que jugaste lesionado o enfermo...

Qué saben ellos de lo que sentís cuando haces un gol y tus compañeros te abrazan desesperadamente...

Qué saben ellos de las patadas y del dolor que te provocan...

Qué saben ellos de lo que es llegar tarde con todo el equipo en el vestuario y el técnico dando la charla...

Qué saben ellos de la fuerza que te da una palmada en la espalda de un compañero cuando terminaste el trabajo físico...

Qué saben ellos de lo profundo que respiras cuando el técnico está dando la citación...

Qué saben ellos de la impotencia que se siente cuando estás sentado en el banco de suplentes...

Qué saben ellos de lo que es ganar o perder un partido a 5 minutos del final...

Qué saben ellos de lo que estás pensando mientras elongas 10 minutos antes del partido...

Qué saben ellos de lo que es estar entrando en calor el segundo tiempo esperando que en algún momento el técnico te llame para hacerte entrar...

Qué saben ellos el dolor que se siente después de un foul...

Qué saben ellos de lo que se siente cuando hace un gol el jugador que tienes que marcar...

Qué saben ellos de los codazos que recibís, de las patadas que das y de las veces que nos levantamos una y otra vez...

Qué saben ellos de lo que es dar la última vuelta a la cancha y llegar casi muerto que no puedes ni siquiera escupir, pero sabes que lo hiciste...

Qué saben ellos lo que sentís cuando miras el partido de la tribuna...

Qué saben ellos lo feo que es estar parado por una lesión...

Qué saben ellos de las duchas de agua fría que te diste...

Qué saben ellos de lo bien que se siente tirarte al piso en una cancha llena de agua...

Qué saben ellos cómo es cagarse de calor en Febrero haciendo la pre-temporada mientras que tus amigos están de vacaciones y viven de joda...

Qué saben ellos lo que se siente cuando van todos a bailar y tu te mueres por ir pero te tienes que acostar temprano para jugar al otro día...

Qué saben ellos lo que es perderte la fiesta de un amigo y acostarte tempranito para después ir a jugar?

Qué saben ellos lo que es llegar y darte cuenta que te olvidaste el documento...

Qué saben ellos lo que es jugar el clásico, la semana anterior, la noche anterior, los minutos antes, perderlo, ganarlo...

Qué saben ellos lo que es ir al entrenamiento con la comida en la boca?

Qué saben ellos lo que es reunirte todos los días, con las personas que marcan tu vida, tus amigos...

Qué saben ellos de lo que amas este deporte...

Qué saben ellos lo que es perderse un viaje de egresados por el fútbol...

Qué saben ellos lo que es que llegue fin de año y que dejen libre injustamente a un amigo...

Qué saben ellos lo que es ir a entrenar de lunes a viernes, y que llegue el Sábado y no estar citado...

Qué saben ellos lo que es ir a entrenar un Sábado sin ser citado...

Qué saben ellos lo que es perder una final...

Que saben ellos lo que se siente al errar un penal...

Qué saben ellos lo que es salir campeón..

Qué saben ellos de la emoción, piel de gallina, el sentimiento que siente cada uno de nosotros, cuando leemos esta nota...

Tierra, piedritas, pasto, 10 personas con vos, 11 del otro lado, una pelota, y un silbatazo largo y seco...

Esta es nuestra vida, qué saben ellos...



'' Mucha gente dice que el fútbol no tiene nada que ver con la
vida, no sé cuanto saben de la vida pero de fútbol no saben
nada. ''








Dedicada a mis compañeros de Nacional y la Academia, al técnico Sosa y Francisco Pérez, a todos quienes sienten igual que yo, a LaTuveAhí y en especial a Lucas Figueroa, mi capitán perdamos o ganemos.








martes, 7 de octubre de 2014

Mala suerte

Hay quienes dicen que no existe la suerte, otros; que uno debe buscarla. Yo soy de esos. Explicaré como se puede buscar la suerte con una analogía: En el fútbol hay algo que se llama centro-shot, una jugada llena de picardía que requiere gran rapidez mental. Funciona de la siguiente manera: El jugador que lleva la pelota desborda por la banda pero ve que en el área hay demasiados rivales y pocos compañeros como para lanzar un centro por aire y tampoco puede rematar directamente a gol por su ubicación lejana al arco. He ahí que nace esta fantástica jugada, el jugador que lleva el balón golpea de tal forma que este no se levante del suelo y cruce el área de manera paralela al arco. ¿Por qué? Para que rebote en alguna pierna, ya sea rival o aliada y por consecuencia logre entrar al arco, la resistencia del arquero es prácticamente nula debido a la cercanía con su pórtico. Eso, es buscar la suerte. Que por azares del destino logre entrar, como sea.

Me gusta creer que si uno busca la suerte esta llega, pero este año ha sido todo lo contrario; bueno, salvo algunas excepciones.

Todo empieza mal en el verano, llevaba un feliz pololeo y me tuve que ir al norte por capricho de mi mamá, estaríamos separados un mes. " Será sobrellevable ", pensé; pero nada de eso, todo iba cada vez peor. Pasó mi cumpleaños y las discusiones fueron cada vez más frecuentes, pero por banalidades, nimiedades que nunca se nos habían pasado por la cabeza, serían motivo de peleas. La distancia, el mal internet y la mala señal; las constantes salidas con nuestras respectivas familias cada vez nos dejaban menos tiempo para hablar, parte fundamental de toda relación. Hasta que un día se rebalsó el vaso, luego de aguantar y comprender discusiones vacías por que se sentía insegura llegó una que no pude dejar pasar: Le hice una broma como esas que siempre hacíamos y se enojó de tal forma que se fue a acostar y dormir, a las 8 de la noche. Toda esa noche intenté darle una explicación, justificar su actuar pero no fue posible. Estábamos enojados uno con el otro por una estupidez. Al otro día me habló para pedir disculpas pero fue tanto mi análisis la noche pasada que no pude aceptarlas al 100. Cada vez que pensaba en el momento actual de nuestra relación quería terminarla. Hasta que me decidí, ya no tenia ganas de darle cariño o salir con ella, o si quiera hablar. Quería estar solo. Nos juntamos en el Bellas Artes un 4 de Marzo y terminamos, 8 meses que quedarán siempre en mi memoria, bueno excepto el último mes porque no vale la pena recordarlo.

A veces pienso que fue errada mi decisión pero la mayoría del tiempo me quedo con que fue lo correcto, no merecía que no le devolvieran el amor que daba. Se lo que se siente eso.

Pasé todo el mes siguiente tratando de reponerme, no porque sufriera sino porque no sabia que hacer. La guitarra fue mi mejor aliada ese mes, que era el último de vacaciones antes de entrar al preu, en Abril.

Aqui empieza otra historia, mucho más difícil. Luego de haberle dado un beso a una ex que vive en mi departamento (si, la veo casi todos los dias jaja) entraba al preu con la nula intención de conocer alguna chiquilla con la que pudiese haber algo. En los tres cursos habían algunas que me llamaban la atención pero no que me mataran.

Así fue que en historia una me empezó a hablar, de la nada. No estaba muy interesado pero por mi naturaleza le seguí el juego. De a poco, me empezó a coquetear a lo que yo respondí. La cosa es que nos juntamos y pasó lo que tenia que pasar; lo curioso es, que en el minuto nos arrepentimos del suceso. Ninguno de los dos estaba realmente listo, cuento corto; dejamos de hablar por un tiempo y luego quedamos en hacernos los huevones y decir que nada pasó. Otro gol en contra, llevaba dos y de local. La vuelta sería bastante difícil.

El año transcurría sin muchos sobresaltos, conocí a un par de personas más que me cayeron bastante bien. Ahora es que vendría el partido de vuelta, sin saberlo en realidad: Llegó Agosto y una amiga me dejó de hablar de la nada, el Lucas (una amiga muy simpática) me insistía que yo le gustaba. Era imposible, llevaba un pololeo de 2 años y 7 meses, creo; no me acuerdo. Si, es la misma de mi primer escrito. Si la leyó, sabe la historia; sino, léala. Lo hablamos y efectivamente, sentíamos cosas el uno por el otro. La cosa es que había hecho 2 goles de visita y el partido se veía totalmente ganable. Mi año empezaba a arreglarse, tenia a alguien que realmente me gustaba y muy cerca de concretar algo. Bueno, ya saben el resto; gol en contra al minuto 95 y pa' la casa. Todo volvía a ser como siempre, una vuelta a la realidad que dolió bastante no por el hecho de volver sino por el como.

Había que reponerse de nuevo, como siempre. Así fue que empecé o volví a hablar con alguien a quien conocí a principio de año pero por diversas situaciones dejamos de hablar. Es curioso como de la nada todo vuelve a tomar forma. Hoy por hoy, me di cuenta que no necesito a nadie; aunque a veces lo piense. El año parece tomar un curso definitivo al final, con una tocata en Noviembre y la PSU en Diciembre (ojalá lo astros se junten y me ayuden jaja).

La suerte existe, así como la mala suerte. No sé cual de las dos me gusta más, solo sé que una es consecuencia de otra. Juzgue usted cual es cual. Espero que la mala suerte no me acompañe en la PSU o en el resto del año y que por fin encuentre lo que tanto busco: Un poquito de buena suerte.

" Un golpe de suerte, i'm waiting awake ".- Lucho Jara.




martes, 16 de septiembre de 2014

¿Por qué es así?

Necesitaba descargarme, los días pasan y sigo con la bala pasada. Ella hace todo lo posible por pasarla bien, y yo todo lo posible por olvidarla. Suena a canción mala de Arjona, pero es así; en 5 meses conocí a alguien tan igual a mi, igual de pesada, con el mismo sentido de humor, con las mismas mañas, casi todo. Eramos iguales excepto en una cosa, solo una, ella sí y yo no. Con el sí me refiero a sí, estaba atada.

Da igual, la buena onda siempre estuvo. El problema es que ahora, de un momento a otro no está; y es curioso que tan solo 30 segundos destruyeron 5 meses. No sé que conclusiones sacar, en realidad no sé si hay conclusiones ya que solo espero que volvamos a cruzar un hola, ¿cómo estay?

Lo bueno es que sé que nunca leerá esto, quizás me odie más aún. Aunque quizás no me odia, ya lo ven: no sé nada de lo que le pasa hoy por hoy. Solo sé que me gusta y hago lo imposible para demostrarme que no es así. Qué puedo decir, soy masoquista.

El dilema nace porque nunca fue políticamente correcto que nos quisiéramos de otra manera, con no cariño, o que nos abrazáramos mucho, o que hablásemos hasta las 5 de la mañana, o que saliéramos al patio de comidas de Bandera a comernos un completo del Dominó y hablásemos hasta las 7 de la tarde, y vieras tu teléfono con 20 llamadas perdidas. Que importaba, es más bonito cuando se hace lo que se quiere, se pueda o no.

Tantas cosas podría decir, siempre te molestaba que pensara demasiado; o ''filosofara'', o pensara solo en fútbol. Que te molestaba contarme tus cosas, porque aunque no querías hacerlo terminabas haciéndolo igual. Que me gustaran los Red Hot. Que no me pusiera hielo cuando llegaba herido de mis partidos. Que te discutiera sabiendo que no ibas a perder. Siempre te han molestado más cosas de mi, que a mi de ti.

Me acuerdo cuando pensé que me pasaba muchos rollos, y de pronto, me dijiste que en realidad sentías lo mismo por mi que yo por ti. Fui tan feliz esa semana. No te imaginas cuanto, pese a que no significaba nada en realidad. Fui tan o más feliz que esa tarde en Moneda, cuando te asusté, cuando pasamos por al lado de un vagabundo que te dio miedo, o al lado de ese cabeza de músculo que andaba con musculosa, valga la redundancia, bajo un clima de 5 grados, o al lado de esos flaites que se asombraron con la puerta que se abría sola. Fue tan bonito ese día, lo caminamos entero abrazados, y lo repetiría de principio a fin, sobre todo cuando nos despedimos en el metro.

Quería solo esto, descargar todo lo que siento. Siento pena, decepción, quizás un poco de rabia pero te entiendo, mucho en realidad. Yo tampoco cambiaría carne por charqui, aunque el charqui esté mejor preparado. Solo desear que no te vuelva a pasar con alguien más, así me sentiría un poquito más único. Yo y mi egocentrismo desde acá te deseamos lo mejor.

Que risa cuando me corregiste el primer día de clases, o segundo, en matemáticas. En Abril. De ahí no paramos de hablar. Bueno, hasta ahora.

'' Dos paseantes distraídos han conseguido que el reloj de arena, de la pena pare. Que se despedace. Y así seguir el rumbo que el viento trace. '' - Jorge Drexler

domingo, 24 de febrero de 2013

Día 1

Comienzo a escribir en este blog desde hoy mis anhelos, sueños, trabajos, pensamientos, etc. Me descargaré aquí. Un amigo me motivó al hacerse él un blog el que me pusiera a participar en esta plataforma. Esta es como una presentación: Tengo 17 años, aspiro a ser un músico, amo el fútbol, me gusta leer un buen libro cuando se me da la gana o tocar mi guitarra para distraerme, vivo en Santiago y me encanta esta ciudad digan lo que digan, puedo caminar horas y horas escuchando música y pensando lo que sea, la cosa es pensar. A veces puedo ser irritante, cascarrabias, saco de plomo como se diría en Condorito pero la mayor parte del tiempo me gusta tener una sonrisa para regalar independiente de todo. Básicamente ese soy yo.

'' No piensen que soy humilde, yo solo me subestimo '' .- Gustavo Cordera.